miércoles, 4 de junio de 2014
Volví. Volví a perderme de nuevo en un mundo en el cuál la magia es tan fuerte que no puedo hacer otra cosa más que dejar que me invada. Me invade desde todos los lados. Es cómo esa música que entra y se queda en tú cabeza, cómo esa flecha lanzada por Cupido justo en el momento justo, cómo esa caricia que se pierde en el paraíso haciéndote estremecer y que la piel se me erice. Cada noche miro a las estrellas buscando tú compañía, esas miradas que hacía que nos perdieramos en un mundo de fantasía haciendo lo malo lo más bonito y bello del mundo. Y no se me borra de mi mente esa tarde de Septiembre en la cuál nos perdimos en el bosque, debajo de las castañas y perdiendo el norte. Cómo el Sol buscaba entrar y llenarlo todo de luz. Qué difícil resulta olvidarlo! Cómo la luz te alumbraba haciendo que cada segundo perdiera un poco más de mí por tí. Es extraño aún tener el sabor de tús labios en los míos y cómo mi mente aún puede recordar tú aroma, como éste me lleva a recordar todas esas veces que te abracé, que escondiste tú cara en mi cuello. Esas veces que mis manos danzaban por tú piel, dibujando cada parte de ti para que nada fuera efímero y fuera lo más eterno posible. Cómo tús manos encajaban perfectamente con las mías, que tús sonrisas hacían que mi corazón latiera lo más rápido que he podido ver. Y sí, no lo niego. Te amé, cómo solo se ama una vez. Esa única vez de la que hablan los poetas, ese amor que solo ves en una película y que no crees que algo así pueda ser cierto... Pero demasiadas mentiras, engaños hicieron que tirara la toalla y que tú también lo hicieras. Dejé que quizás algo bonito se consumiera en el olvido, a pesar de que no puedo olvidarte nunca. ¿Y QUÉ HAGO? Desaparecer, eso es lo que hago. Desaparecer de tú vida, evitar verte para que los recuerdos no vuelvan a mí. Correr. Escapar. Esconderme. No mirar atrás... Aún que siempre, siempre... una parte de mí será tuya.
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